
El 23 de noviembre de 1993, un joven fotógrafo de Chihuahua vivió una experiencia que, con el paso del tiempo, se convertiría en uno de los relatos ufológicos más sorprendentes del estado.
Su nombre era Gilberto Ugalde. Tenía 24 años, trabajaba en un estudio fotográfico y vivía en la colonia Roma, cerca de las faldas del Cerro Coronel.
Alrededor de las 12:45 del mediodía, Ugalde salió de su casa y observó a la distancia un objeto extraño que se desplazaba sobre las inmediaciones del cerro. Según su descripción, tenía forma de disco, apariencia metálica y un diámetro aproximado de ocho metros. Lo más llamativo era que no mantenía una trayectoria constante, sino que parecía moverse en diferentes direcciones.
Al percatarse de que el objeto permanecía en la zona, decidió buscar su cámara. Se trataba de una Kodak 235 sencilla, cargada con un rollo fotográfico en blanco y negro.
Con la intención de obtener una mejor vista, comenzó a subir por las laderas del Cerro Coronel. Cuando encontró un punto desde el cual podía observar el objeto con mayor claridad, tomó varias fotografías mientras este continuaba desplazándose.
Poco después, el objeto se alejó del cerro a gran velocidad hasta perderse en la distancia.

Dos fotografías mostraron el objeto
Una vez terminado el avistamiento, Ugalde llevó el rollo a un estudio fotográfico para revelarlo. Quería comprobar si realmente había logrado capturar aquello que había observado.
De todas las imágenes tomadas, el objeto apareció claramente en dos fotografías.
El caso llegó posteriormente a conocimiento del ingeniero Gilberto E. Rivera A., director de GIFAE, quien acudió a entrevistar al testigo acompañado por otros integrantes del grupo de investigación.
Durante el encuentro, Ugalde narró lo sucedido y proporcionó los negativos para que las fotografías pudieran ser examinadas. Se realizaron nuevas impresiones en un estudio fotográfico ubicado en el centro de la ciudad de Chihuahua, entre las calles Libertad y 21.
De acuerdo con el informe de Rivera, las personas encargadas de trabajar con los negativos consideraron poco probable que las imágenes hubieran sido manipuladas. También se hicieron ampliaciones para observar mejor la figura suspendida sobre la ciudad, sin encontrar señales evidentes de una imagen sobrepuesta.
Alan Monroy, investigador y especialista en diseño por computadora, realizó posteriormente un análisis digital. Amplió las fotografías a más del 200 por ciento y utilizó distintos procesos de coloración y granulación para revisar la integración del objeto con el resto de la escena.
Según las conclusiones presentadas por Monroy, no se detectó una superposición y el objeto mostraba una apariencia sólida y metálica. Esta fue la interpretación de los investigadores relacionados con el caso, aunque no se tiene constancia de un estudio científico independiente que permita determinar de manera definitiva la naturaleza de lo fotografiado.
Durante un tiempo, el incidente quedó archivado como un avistamiento relevante ocurrido en Chihuahua. Sin embargo, la historia tomó un rumbo mucho más extraño a principios de 1995.

Las pesadillas de Ugalde
Más de un año después de haber tomado las fotografías, Ugalde comenzó a experimentar pesadillas recurrentes. En ellas aparecían figuras desconocidas que le provocaban temor. También decía sentirse inusualmente sensible al ambiente y a todo lo que sucedía a su alrededor.
Al no encontrar una explicación para estas experiencias, buscó la ayuda de Humberto Gómez y del hipnoterapeuta Joel Bermúdez.
Bermúdez sometió a Ugalde a una regresión hipnótica de más de dos horas. Durante la sesión intentó llevarlo mentalmente hasta el 23 de noviembre de 1993, el día en que había observado y fotografiado el objeto.
Fue entonces cuando surgió un supuesto recuerdo que Ugalde no había relatado inicialmente: afirmó que, después de tomar la segunda fotografía, fue llevado al interior de la nave.
El ingreso al objeto
Durante la regresión, Ugalde describió una nave plateada, provista de una cúpula y con un diámetro aproximado de ocho metros. En la parte inferior tenía una estructura más pequeña que comparó con una rueda utilizada como guía.
Repentinamente sintió que su cuerpo comenzaba a flotar. Del objeto surgió una luz de colores amarillo y azul, mientras una fuerza parecía elevarlo hacia la nave.
La parte inferior se abrió mediante una puerta dividida por la mitad, cuyas secciones se desplazaron hacia los lados. Ugalde aseguró que fue introducido por esa abertura.
Una vez dentro, observó a dos seres frente a los controles y a un tercero que se acercó para tomarlo de la mano. Los describió como criaturas delgadas y de baja estatura, de aproximadamente un metro con cuarenta y cinco centímetros.
Tenían cabezas grandes, ojos negros y rasgados, una boca pequeña y dos orificios en lugar de nariz. El color de su piel era una combinación entre gris y amarillo. Sus manos tenían cuatro dedos: uno semejante al pulgar y tres más al frente.
Según Ugalde, los seres no movían la boca para comunicarse. Escuchaba sus mensajes directamente en la mente y constantemente le repetían que no tuviera miedo.
Los dos seres que aparentemente conducían la nave vestían prendas de color dorado. El tercero, que permanecía cerca de él y trataba de tranquilizarlo, llevaba una especie de bata amarilla.

La ciudad de Aldama y las naves sonda
Mientras se encontraba dentro de esta primera nave, Ugalde afirmó haber visto desde las alturas la ciudad de Aldama. Desde esa posición también observó varias esferas desplazándose por los alrededores.
La nave en la que viajaba parecía estar reuniendo o recogiendo aquellos objetos esféricos. Al preguntar qué eran, los seres le habrían explicado que se trataba de pequeñas naves sonda.
De acuerdo con el relato obtenido durante la hipnosis, estas esferas realizaban labores de exploración y después regresaban a la nave principal para ser recuperadas.
Tras observar esta operación, Ugalde habría sido trasladado a una segunda nave, mucho más grande que la primera.
La nave triangular
La segunda estructura fue descrita como una nave de forma triangular, parecida a una pirámide colocada horizontalmente. En su interior había numerosas mangueras y al menos cuatro seres similares a los que había visto inicialmente.
Ugalde aseguró que también encontró a dos personas humanas.
Una era una mujer joven con rasgos orientales. La otra era un hombre al que describió como estadounidense. Ambos permanecían dormidos dentro de unas cápsulas, cubiertos con sábanas blancas.
Los seres acostaron a Ugalde sobre una cama semejante a las utilizadas por aquellas personas. Después colocaron en su nariz unas mangueras conectadas a un tanque cilíndrico, parecido a un depósito de gas.
Según su narración, por las mangueras circulaba un líquido azul. Ugalde comenzó a sentir que le faltaba el aire e intentó moverse, pero los seres lo sujetaron de las manos.
Después de retirar las mangueras, se acercó otro ser que parecía tener una posición superior a la de los demás. Ugalde recordó que llevaba sobre la cabeza algo semejante a una peluca.
Este individuo se habría comunicado con él mediante la telepatía. Le explicó que estaban realizando un “experimento de razas” cuyo propósito era tratar de ayudar a las personas. También le dijo que volverían a comunicarse con él.
Posteriormente, los seres colocaron sobre su cabeza un casco metálico conectado a varias mangueras. Luego de un tiempo se lo retiraron y lo liberaron.

El regreso al Cerro Coronel
Ugalde relató que fue llevado nuevamente a la nave pequeña. Desde ahí comenzó el recorrido de regreso hacia la ciudad de Chihuahua.
Al llegar al Cerro Coronel, descendió mediante la misma luz que salía de la parte inferior del objeto. Aparentemente, después de ser dejado en el cerro, no conservó un recuerdo consciente de lo ocurrido.
La experiencia habría permanecido oculta hasta que surgió durante la regresión hipnótica realizada en 1995.
Un caso que continúa generando preguntas
El caso de Gilberto Ugalde reúne elementos que lo convierten en una historia verdaderamente extraordinaria: un avistamiento ocurrido a plena luz del día, dos fotografías en blanco y negro, negativos examinados por investigadores y un inquietante relato de abducción surgido tiempo después.
Aunque todavía quedan preguntas, la cantidad de detalles narrados —la nave sobre el Cerro Coronel, la vista de Aldama, las esferas sonda, los seres y el supuesto experimento— hace de este uno de los casos de abducción más sorprendentes registrados en Chihuahua.
Quizá nunca sepamos exactamente qué vivió Gilberto aquella tarde de 1993. Pero su historia permanece como un episodio único y extraordinario dentro de la ufología de nuestro estado.
