Visitantes del Pasado

Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha intentado comprender su lugar en el cosmos. En ese afán, los textos antiguos no solo narran historias de fe y moral, sino que también registran experiencias extraordinarias que, vistas desde la óptica contemporánea, invitan a una relectura audaz. Tal es el caso de las visiones del profeta Ezequiel, los relatos atribuidos a Enoc y su posible relación simbólica —o algo más— con la antigua civilización de Egipto.

La visión de Ezequiel, descrita con minuciosidad casi técnica, resulta fascinante incluso hoy. Habla de “ruedas dentro de ruedas”, de seres resplandecientes como el ámbar, de movimientos que desafiaban las leyes naturales conocidas en su tiempo. No se trata de un relato vago o poético: es una descripción concreta, reiterativa, casi obsesiva. Para el lector moderno, familiarizado con conceptos de ingeniería, aeronáutica y tecnología avanzada, estas imágenes evocan inevitablemente artefactos y entidades que parecen ir más allá de lo meramente espiritual. ¿Fue Ezequiel testigo de una manifestación divina adaptada a su lenguaje y contexto cultural, o presenció algo que hoy podríamos catalogar como un encuentro con tecnología no humana?

Algo similar ocurre con Enoc. A diferencia de otros patriarcas, Enoc no muere: “camina con Dios” y es llevado a los cielos. En los textos apócrifos que se le atribuyen, su experiencia es aún más explícita. Describe viajes, instructores luminosos, seres de gran estatura cuyos ojos brillan como fuego y que le revelan secretos del universo. Enoc no solo observa: aprende, escribe, transmite conocimiento. Es presentado como un intermediario entre dos realidades. Desde una lectura simbólica, podría tratarse de una iniciación mística; desde una lectura alternativa, el contacto con inteligencias avanzadas que interactuaron con la humanidad primitiva.

Aquí es donde Egipto entra en escena. La civilización egipcia, con su impresionante dominio de la arquitectura, la astronomía y la simbología cósmica, parece obsesionada con el cielo. Pirámides alineadas con estrellas, dioses que descienden de los cielos, barcas solares que cruzan el firmamento. Resulta legítimo preguntarse si estas narrativas no son reverberaciones culturales de experiencias similares a las descritas por Ezequiel y Enoc. ¿Acaso los egipcios también interpretaron encuentros extraordinarios bajo el ropaje de lo sagrado?

No se trata de afirmar dogmas ni de reemplazar la fe por teorías extraterrestres simplistas. Se trata, más bien, de reconocer que los antiguos describieron lo inexplicable con las herramientas conceptuales de su tiempo. Hoy, con un horizonte científico más amplio, tenemos la responsabilidad intelectual de releer esos textos sin prejuicios, abiertos a múltiples niveles de interpretación.

Tal vez nunca sepamos con certeza si aquellos “visitantes” fueron ángeles, dioses, metáforas del inconsciente colectivo o auténticos viajeros del espacio. Pero lo innegable es que estos relatos siguen desafiándonos. Nos recuerdan que la historia humana podría ser mucho más compleja —y fascinante— de lo que aceptamos cómodamente. Y que, quizá, no siempre hemos estado tan solos como creemos.

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Artículo inspirado en el programa de Fernando González Gómez, OVNIS en la Biblia, Enigmas y Misterios. España, 17 de diciembre del 2004.

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