Los expertos forenses de la policía ayudaron a revelar la huella dactilar que data de hace 42.000 años.
David Álvarez Alonso et al.: Un hallazgo arqueológico singular ha ampliado recientemente nuestro conocimiento sobre la capacidad de pensamiento simbólico de los neandertales. El objeto en cuestión es una piedra de granito, sobre la que se aplicó deliberadamente un punto de ocre rojo para reforzar la imagen de un rostro humano. Se trata, hasta la fecha, del ejemplo más antiguo de arte portátil asociado con los neandertales.
El aspecto más destacable de este descubrimiento fue la identificación de una huella dactilar en el pigmento, a un nivel que hemos datado inequívocamente en más de 42.000 años.
La huella dactilar significa que el hallazgo constituye una evidencia directa de una acción simbólica que podemos atribuir a un humano neandertal (Homo Neanderthalensis).
Este descubrimiento es fruto de más de dos años de investigación y se publicó en mayo de 2025 en Archaeological and Anthropological Sciences. Además del equipo de arqueólogos y geólogos, nuestro artículo fue coautorado por miembros de la Unidad Central de Identificación de la Comisaría General de Policía Científica, cuyas contribuciones fueron vitales para el éxito del trabajo.
El último neandertal
La piedra con manchas rojas se encontró en el yacimiento arqueológico de Abrigo de San Lázaro, en el valle del río Eresma, aguas abajo de la ciudad española de Segovia, donde encontramos restos de ocupaciones de los últimos neandertales europeos.
La piedra estaba en un nivel donde previamente hemos encontrado industria musteriense (Paleolítico medio). Se trata de herramientas de piedra claramente asociadas a ocupaciones neandertales, como las documentadas en las áreas conocidas de Abrigo del Molino y otros yacimientos cercanos.
Una mancha roja por nariz
En nuestro estudio, planteamos la hipótesis de que el objeto fue elegido y recogido del lecho del río debido a sus peculiares características naturales. En pocas palabras, parece un rostro humano.
La pareidolia facial, el fenómeno psicológico por el cual percibimos rostros en objetos inanimados, identifica las hendiduras superiores e inferiores como ojos y una boca en la piedra. La aplicación de pigmento rojo para hacer una nariz refuerza la percepción de un rostro y actúa como un marcador visual con carga simbólica.
La posibilidad de que estemos tratando con una representación simbólica de un rostro humano añade una dimensión interpretativa particularmente significativa al hallazgo arqueológico.
La policía forense identifica la huella dactilar.
Uno de los aspectos más destacables de esta investigación fue su colaboración interdisciplinar entre arqueólogos, geoarqueólogos y miembros de la Comisaría General de la Policía Científica Española.
Para llegar a nuestras conclusiones, se aplicó una combinación de técnicas al objeto. En primer lugar, realizamos un mapeo 3D detallado utilizando escáneres de alta precisión y modelos digitales, lo que ayudó a descartar que la piedra hubiera tenido algún propósito funcional, como el de un yunque o un martillo.
Posteriormente, realizamos análisis no invasivos, como fluorescencia de rayos X y microscopía electrónica de barrido. Los resultados confirmaron que el pigmento rojo era ocre aplicado externamente, y no una marca natural resultante de la descomposición de minerales en el propio granito.
Pero el avance más sorprendente provino del análisis multiespectral. Se trata de una técnica bien conocida que la Comisaría General de Policía Científica de España desarrolló y adaptó específicamente para el estudio de la piedra. Mediante este método, Samuel Miralles Mosquera, experto en imagen forense, reveló una huella dactilar invisible a simple vista, impresa directamente en el pigmento.
La imagen fue analizada posteriormente por Mª Carmen Sastre Barrio, Encarnación Nieva Gómez, Mª Remedios Díaz Delgado y Elena Ruiz Mediavilla, especialistas en identificación del mismo equipo. Confirmaron que coincidía con la huella dactilar de un hombre adulto.
Su trabajo permitió la identificación de la huella con un nivel de detalle sin precedentes en el contexto del estudio del Paleolítico.
Su contribución convirtió la investigación en una referencia pionera en el campo de la aplicación de la arqueología y la identificación forense a la prehistoria. Abre una nueva perspectiva sobre el mundo simbólico de los neandertales y abre nuevas vías para el estudio de su expresión artística, su sensibilidad visual y su capacidad de abstracción.
La combinación de estas técnicas científicas refuerza la autenticidad del hallazgo y subraya su carácter excepcional. Se trata de uno de los testimonios físicos más completos de un acto simbólico realizado por un neandertal, cuya huella dactilar se dejó deliberadamente en el pigmento.
¿Quién habría imaginado que, más de 40.000 años después, ni siquiera los neandertales podrían escapar a la identificación de los científicos forenses?
Un descubrimiento revolucionario.
El origen del comportamiento simbólico humano, y con él el surgimiento del arte mismo, es una de las cuestiones más debatidas en la investigación sobre la evolución cognitiva de la humanidad. Si bien ambos fenómenos no surgieron simultáneamente, están profundamente interconectados, ya que la capacidad de pensamiento simbólico es, en última instancia, la base de todas las formas de expresión artística.
Durante décadas, se afirmó que esta capacidad era exclusiva de los seres humanos “modernos” o actuales (Homo Sapiens). Sin embargo, el desarrollo de nuevas metodologías y el descubrimiento de evidencia cada vez más sólida han cuestionado esta visión hasta el punto de refutarla.
Actualmente existe un creciente consenso sobre la existencia de un complejo repertorio simbólico por parte de los neandertales, manifestado a través de objetos modificados, el uso de pigmentos, comportamientos rituales y otras expresiones inequívocamente simbólicas.
Uno de los hitos clave en este cambio de opinión fue la publicación, en la revista Science en 2018, de la datación de varias pinturas rupestres halladas en tres cuevas españolas: Ardales, La Pasiega y Maltravieso. Estas fueron las primeras pinturas con carácter simbólico atribuidas a los neandertales.
Incluían formas geométricas simples, incluyendo patrones discernibles. Su estudio reveló la capacidad de este grupo humano para generar deliberadamente imágenes simbólicas cargadas de significado compartido. Si bien las representaciones son simples, aparecen repetidamente en diferentes lugares de las paredes de las cuevas.
A esta lista de hallazgos, ahora podemos agregar el trabajo de otro neandertal anónimo. Este hombre, uno de los últimos habitantes neandertales de Europa, vio una cara en una roca recogida del río, pintó intencionalmente un punto rojo con ocre y dejó su huella en la historia.